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Acción social

Avanzando hacia la corresponsabilidad familiar

Ana María Maraver Carrellán. Trabajadora Social. Jefa de Sección de Planificación, Programación y Comunicación. Área de Barrios y Colectivos de Atención Preferente, Derechos Sociales, Empleo, Familia, Igualdad y Asociaciones en el Ayuntamiento de Sevilla.

Este artículo parte de una concepción tradicional de la provisión de los cuidados en la familia, y analiza cómo se ha ido transformando a partir de los cambios socio-demográficos de las últimas décadas, lo que ha supuesto la aprobación de medidas de conciliación familiar, que han resultado ser insuficientes si no están basadas en la corresponsabilidad. En este contexto, el Trabajo Social ocupa un papel clave para avanzar hacia un modelo de provisión de cuidados fundamentado sobre un reparto equitativo de las responsabilidades familiares.

 

1. Introducción

El cuidado, entendido como el apoyo que necesitan determinadas personas, ya sea por su edad, por su dependencia, o por su situación de vulnerabilidad, puede definirse como una relación social horizontal y recíproca, emocional, física y de mediación que implica la asistencia práctica y la vigilancia (Flaquer et al., 2014).

Tradicionalmente, la familia ha sido el principal ámbito de provisión de los cuidados; no obstante, en las últimas décadas, esta situación ha ido cambiando debido a importantes transformaciones sociales, demográficas y familiares, tales como: 

Aumento de la esperanza de la vida, disminución de la tasa de natalidad, e incorporación de la mujer al ámbito productivo.

Diversificación de los modelos de familia. A la familia nuclear tradicional se le ha sumado nuevos modelos de familias, pero también se han producido cambios en los roles y responsabilidades de sus integrantes, y en la dinámica familiar. Asimismo, está teniendo lugar la reducción del número de miembros que componen la familia, así como la verticalización de su estructura.

2. La provisión de cuidados en el ámbito familiar

La mujer ha sido históricamente la principal proveedora de los cuidados en la familia. Este rol de cuidadora que tradicionalmente ha ejercido la mujer, es asignado desde la división sexual del trabajo, basada en diferencias de género, que han vinculado a la mujer con el rol reproductivo y al hombre con el rol productivo. Esta construcción social conlleva que la provisión de cuidados sea una actividad invisible, y no reconocida como trabajo remunerado, pero socialmente aceptada como un deber y una responsabilidad de la mujer. (Vaquiro y Stiepovich, 2010).

La incorporación progresiva de la mujer al mercado laboral ha llevado a compatibilizar su trabajo en el ámbito familiar y productivo, no obstante, no se ha dado de forma simultánea la incorporación del hombre a las tareas en el ámbito privado y de provisión de cuidados. Como consecuencia se ha producido la denominada doble presencia de la mujer (Tereso y Cota, 2017), al continuar ocupándose en gran medida de las tareas en el ámbito familiar, lo que da lugar a un reparto desigual de dichas tareas entre hombres y mujeres. De hecho, aun cuando se ha venido aumentando la presencia de los hombres en las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, éstas se relacionan especialmente con aquellas consideradas más agradables, mientras que las mujeres asumen las más necesarias, pero, además, ellas no sólo realizan en mayor medida las tareas, sino que también se suelen ocupar de su planificación y organización (Suberviola et al., 2025).

Ante las trasformaciones sociales y demográficas que se han venido produciendo y el hecho de que el Estado debe ofrecer una respuesta a las necesidades de la ciudadanía, en las últimas décadas el Estado de Bienestar ha ido asumiendo progresivamente responsabilidades en la provisión de los cuidados; fruto de ello, han ido surgiendo políticas públicas, tales como recursos para la atención de personas con discapacidad y dependientes, centros educativos para personas menores de edad; aprobación de permisos de maternidad y paternidad, prestaciones económicas para cuidadores y cuidadoras de personas con dependencia, etc.; que suponen un avance hacia la conciliación laboral y familiar, y que se han visto reconocidas a nivel legislativo.

No obstante, las políticas públicas de conciliación se han mostrado insuficientes porque se han orientado a compatibilizar el trabajo de la mujer en los ámbitos privado y productivo, como si la falta de conciliación fuera una responsabilidad de las mujeres únicamente (Fernández y Díaz, 2016); pero además estas políticas se han desarrollado sólo en el ámbito laboral, olvidando el doméstico, lo que implica que sigan predominando roles y estereotipos de género que atribuyen a la mujer la responsabilidad principal de los cuidados.

Para acabar con esta situación, el concepto de conciliación se ha visto superado por el de corresponsabilidad, definido como el reparto equilibrado de las tareas domésticas y de las responsabilidades familiares, tales como su organización, el cuidado, la educación y el afecto de personas dependientes dentro del hogar, con el fin de distribuir de manera justa los tiempos de vida de mujeres y hombres (Guía de corresponsabilidad, 2013). En esta línea, hay que subrayar la aprobación del Plan Corresponsables por parte del Ministerio de Igualdad, en el año 2021, ampliado hasta la actualidad, que tiene entre sus objetivos lograr un reparto equilibrado de las responsabilidades familiares entre hombres y mujeres, así como impulsar un cambio social y cultural hacia modelos de masculinidades corresponsables e igualitarias.

3. Trabajo social y corresponsabilidad

Partiendo de un enfoque integral, el Trabajo Social ocupa una posición estratégica en la promoción de la corresponsabilidad. Su capacidad para analizar el contexto social, cultural y relacional permite comprender la desigual distribución de responsabilidades como un fenómeno estructural, más allá de cuestiones individuales. Con esta perspectiva, el Trabajo Social dirige su intervención social hacia ámbitos fundamentales de su práctica profesional, como la familia y la comunidad, que son precisamente, los espacios en los que las acciones en materia de corresponsabilidad tienen efectos directos.

El hecho de que la mujer sea quien en la mayor parte de los casos acude a Servicios Sociales ante situaciones de dificultad o riesgo social indica que sigue asumiendo el rol de cuidadora, teniendo entre sus funciones la gestión de las demandas familiares, la resolución de problemáticas relacionadas con vivienda, necesidades básicas, etc., así como la búsqueda de recursos de apoyo para la conciliación. Esta realidad constata la persistencia de los roles tradicionales de género y la sobrecarga de las mujeres, por lo que aún no se ha producido el cambio social y cultural hacia la distribución equitativa real de las responsabilidades familiares.

Desde el Trabajo Social con familias, el equipo profesional realiza su intervención a través de un proceso de acompañamiento con la familia con el objetivo de promover el bienestar y el desarrollo integral de todos los miembros, buscando identificar y reducir factores de riesgo, así como potenciar factores de protección, al objeto de mejorar la respuesta del sistema familiar ante posibles disfuncionalidades (Luján et al., 2013).

Por tanto, los equipos profesionales de Trabajo Social deben incluir la promoción de la corresponsabilidad como objetivo de la intervención familiar. Ello implica analizar el rol que padres y madres adquieren en materia de corresponsabilidad y fomentar la adopción de acuerdos para la distribución equitativa de las tareas de los cuidados y del hogar, teniendo en cuenta la edad, las capacidades y la disponibilidad de tiempo de cada miembro de la unidad familiar. Asimismo, el equipo profesional deberá trabajar con las figuras parentales, su compromiso para la transmisión a sus hijos e hijas de valores y hábitos basados en la igualdad y la equidad. De esta forma, se incide en la dimensión educativa de la corresponsabilidad y en la superación de los roles tradicionales de género.

La intervención familiar se complementa a nivel grupal, mediante el desarrollo de talleres, escuelas de familias y espacios de reflexión dirigidos a padres y madres. Estas iniciativas están orientadas a diseñar e implementar líneas de actuación sobre la parentalidad positiva y el reparto equitativo de responsabilidades familiares. No obstante, es una realidad que la participación de las mujeres en estas actuaciones está muy por encima a la de los hombres, lo que pone en evidencia que la responsabilidad en el cuidado y la atención aún sigue siendo considerada función principal de la mujer.

Igualmente forma parte del proceso de intervención que realiza el Trabajo Social con la familia, el impulsar el acceso de la unidad familiar a determinados recursos para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar, tales como escuelas infantiles, unidades de día y programas específicos de conciliación. Destacar la importancia de estos programas, cuyo desarrollo se están extendiendo progresivamente en diferentes municipios en el marco del Plan Corresponsables, proporcionando recursos de apoyo a la unidad familiar y potenciando la corresponsabilidad en los cuidados y la igualdad de géneros.

Más allá del importante papel que tiene el Trabajo Social con familias para avanzar hacia la corresponsabilidad; desde el Trabajo Social a nivel comunitario se precisa introducir el principio de igualdad y la perspectiva de género en todas las actuaciones a desarrollar. Es decir, ya sea a través de entidades sociales, asociaciones vecinales, centros comunitarios, educativos, etc.,  se requiere que todas las acciones, ya sea dirigidas a colectivos específicos de población o abiertas a toda la comunidad, incorporen la promoción de la corresponsabilidad como eje transversal de todas las iniciativas comunitarias, convirtiéndose de este modo el Trabajo Social en agente de sensibilización y cambio hacia un modelo de sociedad donde la provisión de cuidados sea asumida como una responsabilidad compartida.

Por otra parte, los equipos profesionales del Trabajo Social que desarrollan su trabajo en el ámbito de la planificación, implementación y evaluación de planes, programas y proyectos tienen la responsabilidad de incluir la perspectiva de la igualdad y la corresponsabilidad como eje vertebrador de todas estas medidas, que tendrán un impacto directo posteriormente a nivel familiar y comunitario. Se precisa, asimismo, integrar indicadores de evaluación y de impacto en los distintos niveles de planificación para evaluar la participación de hombres y mujeres en las distintas actuaciones, de esta forma se contribuye a la toma de decisiones sobre la idoneidad de las medidas adoptadas y la identificación de buenas prácticas.

4. Conclusión

A pesar de los avances a nivel legislativo en materia de igualdad de género, aún sigue existiendo desigualdad en el ámbito de la corresponsabilidad, observándose que la participación de los hombres para asumir responsabilidades familiares de forma equitativa avanza de forma lenta, lo que se sigue traduciendo en la sobrecarga de tareas para la mujer y en la dificultad de ésta para compatibilizar la esfera pública y privada.

En este contexto, el Trabajo Social se convierte en una pieza clave al incorporar la perspectiva de género y de corresponsabilidad en su práctica profesional, ya sea desde la intervención a nivel familiar y grupal o comunitaria, al objeto de contribuir a un modelo de sociedad sustentado sobre el principio de igualdad real y efectiva, en la que tanto hombres como mujeres tengan posibilidad de acceder al ámbito público, a la vez que ocuparse de la atención y el cuidado de las personas más vulnerables en el ámbito familiar, procurando de esta forma una sociedad más justa e igualitaria.

Bibliografía

Fernández de Castro, P. y Díaz García, O. (2016): “La corresponsabilidad de género en las políticas de conciliación: espacio del Trabajo Social”. En D. Carbonero, E. Raya, N. Caparros y C. Gimeno (coords.). Respuestas transdisciplinares en una sociedad global. Aportaciones desde el Trabajo Social, pp. 1-22. Universidad de la Rioja.

Flaquer, Ll., Pfau-Effinger, B. y Artiaga Leira, A. (2014). “El trabajo familiar de cuidado en el marco del estado de bienestar”. Cuaderno de Relaciones Laborales, 32(1), 1º1 32.

Instituto de la Mujer. 2013. Guía de corresponsabilidad. https://www.inmujeres.gob.es/areasTematicas/educacion/publicaciones/docs/GuiaCorresponsabilidad2013.pdf

Luján García, C., Pérez Marín, M. y Montoya Castilla, I. (2013). “La familia como factor de riesgo y de protección para los problemas comportamentales en la infancia”. Familia, (47), pp. 83-98.

Resolución de 29 de mayo de 2025, de la Secretaría de Estado de Igualdad y para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, por la que se publica el Acuerdo de la Conferencia Sectorial de Igualdad, de 23 de mayo de 2025, por el que se fijan los criterios de distribución a las comunidades autónomas y ciudades de Ceuta y Melilla, así como la distribución resultante, del crédito destinado en el año 2025 al desarrollo del Plan Corresponsables. Boletín Oficial del Estado, 133, de 3 de junio de 2025. https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2025-11059

Suberviola Ovejas, I., Barbed Castejón, N., Martínez López, M., Alvaréz Terán, R. y Fernández Guerrero, O. (2025): “Análisis de la Corresponsabilidad en los hogares y los cuidados: una propuesta de intervención socio-educativa”. Iqual Revista de Género e Igualdad, 8, pp. 165 – 194

Tereso Ramírez, L. y Cota Elizalde,B.D. (2017): “La doble presencia de las mujeres: conexiones entre trabajo no remunerado, construcción de afectos-cuidados y trabajo remunerado”. Margen 85, pp. 1-12

Vaquiro Rodríguez, S. y Stiepovich Bertoni, J. (2010): “Cuidado informal, un reto asumido por la mujer informal”. Ciencia y enfermería XVI (2), 9 – 16

 

Palabras clave: familia, resiliencia, Alzheimer, Humor

Documentación

Loli Tormenta. Saltando Obstáculos con Alma y Sonrisas

Pedro Fuentes. Equipo Estudios Cáritas Española

 

Película de 2023, del director catalán Agustí Villalonga, que falleció sin poder verla estrenada. Con guion de Mario Torrecilla, y basada en un comic homónimo del mismo autor y de Núria Farré.

Loli, una ex atleta de salto de vallas, vive con sus dos nietos, de los que se hizo cargo tras la muerte prematura de la madre. Una abuela vitalista, atípica que mantiene una relación de cariño y complicidad con sus nietos.  Con una economía de subsistencia, le sobreviene el Alzheimer y este proceso desata toda un interesante y a ratos divertida trama.

A pesar de la crudeza de las realidades que propone, Loli tormenta está hecha en clave de comedia, sin por ello frivolizar ni desmerecer su potente contenido social. Las carreras de obstáculos que Loli practicó de joven y que practica uno de sus nietos, se convierten en una metáfora de sus propias vidas, y de las de tantas otras personas y familias.

La película nos pone delante la vida en un barrio humilde y de sus tramas de vecindad, nos habla de la educación, de la inmigración, de la pobreza energética y de la otra, de los cuidados y sus dificultades.… todo ello con una tremenda dosis de ternura y de ingenuidad a atreves de la mirada de los dos chavales (Edgar y Robert) que han de afrontar una situación para la que no están preparados.

Muy recomendable para verla, disfrutarla y comentarla.

https://www.filmaffinity.com/es/film842447.html

 

Número 21, 2025
Ciencia social

Cruzar saberes para romper con la herencia de la extrema pobreza

José Paredes García, militante ATD Cuarto Mundo

Virginia Pinto Muñoz, voluntaria permanente ATD Cuarto Mundo

Mª Elena Escribano Alonso, doctorada en Trabajo Social (Universidad Comillas)

Daniel García Blanco, equipo coordinador Cruce de Saberes ATD Cuarto Mundo

Puedes encontrar a ATD Cuarto Mundo en X (Twitter), Facebook e Instagram

 

1.- Introducción

En los últimos años se han señalado en repetidas ocasiones los elevados niveles de pobreza infantil existentes en España, entre los más altos de Europa. Sin embargo, no se ha hablado tanto de cómo gran parte de esta infancia que vive en pobreza la ha heredado de sus progenitores, ni de otros elementos que se transmiten de generación en generación más allá de lo material. Por ejemplo, estos datos no explican la lucha continua de estas familias para resistir y tratar de construir un futuro diferente para sus hijos e hijas: Aunque no puedas, sigues luchando por tus hijos, por tus nietos, porque lleven una vida mejor y no lleven la vida que hemos llevado nosotros: siempre marginados, arrastrados, viviendo por debajo de los puentes… Ahí estamos, luchando todavía. Este conocimiento es clave para poder realizar un análisis más completo de la realidad[1].

Entender mejor las dinámicas de reproducción de la pobreza, así como las resistencias y esfuerzos de quienes las sufren por escapar de ellas es clave para poder desarrollar herramientas que rompan de manera efectiva con este círculo de transmisión intergeneracional y promover proyectos de promoción personal y familiar adaptados a las diferentes realidades. Con la ambición de profundizar en este campo, en marzo de 2021 ATD Cuarto Mundo España puso en marcha el proyecto Romper con la Herencia de la Extrema Pobreza.

 

2.- Condiciones para trabajar conjuntamente

Este trabajo se ha desarrollado siguiendo la línea metodológica del Cruce de Saberes[2], que implica un trabajo entre diversos agentes sociales que aportan conocimientos complementarios de diferente origen: personas en situación de pobreza (saber experiencial – saber vivido), personas que ejercen responsabilidades asociativas, profesionales, políticas (saberes de acción) y personas del ámbito de la investigación (saber académico). Estas diferentes personas se agrupan en grupos de pares o pertenencia, lo que garantiza la autonomía de los saberes específicos de cada grupo de agentes (Tabla 1). En el caso de este proyecto se formaron tres grupos: militantes Cuarto Mundo[3], activistas sociales y académicas. Tanto las preguntas de investigación como el análisis y producción de resultados se han trabajado y acordado conjuntamente entre todos los grupos.

 

3.- Descubrimientos y aprendizajes

A lo largo del proceso de Cruce de Saberes se han señalado tres niveles que juegan un papel determinante en relación con la herencia de la extrema pobreza:

  • La mochila heredada. Para poder romper con la extrema pobreza es fundamental partir del reconocimiento de aquellas experiencias que se trasmiten de generación en generación marcando de manera clara la vida de quienes las reciben y limitando las posibilidades reales de cambio. Estas vivencias generan culpabilidad, el desarrollo de un autoconcepto negativo y el aislamiento en redes de apoyo que no consiguen ir más allá de la supervivencia.
  • Engranajes de reproducción y cambio: hay dinámicas en las que es fundamental profundizar para poder entender mejor las responsabilidades que cada cual tenemos frente a la extrema pobreza, abordando las preguntas y retos que nos plantean desde la posición social que ocupamos. Algunas de estas dinámicas deben ser trabajadas principalmente por quienes viven en pobreza: el uso de la dignidad como escudo; la fuga como mecanismo de afrontamiento; la resistencia cotidiana que no consigue ir más allá de la supervivencia. Otras deben ser abordadas por el resto de la sociedad: los prejuicios y el efecto que estos tienen; la importancia de entender mejor lo que es la pobreza y las dimensiones ocultas de esta; la comunicación sobre las realidades de pobreza y la transformación de espacios en los que se participa. Por último, hay algunas dinámicas sobre las que hay que actuar conjuntamente: la retroalimentación de lo negativo; el espejismo del esfuerzo que invisibiliza los privilegios; la implicación de todas las familias, no solo de las que viven en pobreza, y de toda la familia sin dejar a nadie atrás.
  • Claves para romper: Una vez reconocida la mochila heredada y trabajados los elementos en los que hay que profundizar, podremos sumar fuerzas, establecer luchas compartidas y alianzas que permitan avanzar en torno a las claves que nos permitirán generar un nuevo escenario de justicia y equidad que no deje a nadie fuera: la participación, la acogida y reconocimiento y la garantía de oportunidad básicas más allá de lo material,

Es importante señalar que estas no son meras palabras y conceptos, sino que señalan dinámicas y cuestionamientos que se han vivido a lo largo del proceso. Este proyecto hay sido una experiencia práctica de cómo cambiando la manera de relacionarnos es posible transformar algunas dimensiones clave de la reproducción de la pobreza.

 

4.- Claves de transformación y cambio

Hay varios elementos importantes que han permitido avanzar en común y cambiar la mirada de las personas participantes. Para que esto sea posible, la animación del proceso debe ser rigurosa, cuidando tanto las grandes etapas como los pequeños pasos que fundamentan el proceso para que este sea respetuoso con los diferentes grupos de pares.

Un aspecto esencial es tomar en cuenta desde el principio las relaciones de poder que se cruzan en estos espacios de manera constante. Abordarlas es clave para poder desarrollar una vinculación y un diálogo fructífero, en el que cada grupo de pares pueda atreverse a cuestionar las ideas ajenas al mismo tiempo que permite revisar las propias.

Para construir un espacio de confianza y seguridad más allá de las desigualdades de partida entre las personas participantes es fundamental incluir una etapa que trabaje la identificación con el propio grupo de pares. En el Cruce de Saberes las aportaciones no se hacen de manera individual, sino que se elaboran dentro de cada espacio grupal, donde se construye colectivamente el conocimiento que se pone en diálogo con los otros. En los grupos de pares cada persona aporta a partir de su experiencia y fuentes de conocimiento, y es en ese diálogo donde se va reconociendo lo que hay en común y la aportación que se puede hacer para ampliar la mirada de los demás grupos. Posteriormente, cada espacio de pares puede ver cómo su idea es escuchada y comprendida por otros. Ver como lo que se aporta enriquece el pensamiento de otro grupo ayuda a poner en valor el propio conocimiento. Al mismo tiempo, esto potencia que cada grupo asuma la responsabilidad que tiene para construir y compartir su conocimiento específico, ya que si ningún otro puede hacerlo en su lugar.

Para que el intercambio entre grupos que parten con herramientas y dinámicas de participación tan diferentes sea posible, la cuestión no es tanto ponerse unos al nivel de otros, sino ser capaces de generar un espacio de encuentro en el que todos puedan compartir desde sus saberes y experiencias. Por ejemplo, no se trata de utilizar solo palabras simples que todo el mundo pueda entender, sino conseguir que cada grupo pueda aportar sus propios términos clave, lo que requiere tomar el tiempo necesario para que éstos sean comprendidos por los demás, enriqueciendo así el proceso colectivo.

Al mismo tiempo, este trabajo de comprensión mutua permite descubrir que las mismas palabras tienen sentidos muy diferentes en función de las experiencias de cada cual. Entender los diferentes significados y el porqué de estos es un elemento clave del proceso, ya que permite descubrir que nadie tiene la verdad absoluta, que hay otras maneras de mirar la realidad desde diferentes posiciones y que todas aportan algo válido para construir una mirada más amplia sobre la realidad de la pobreza.

Pero el proceso no puede limitarse a un mero diálogo sobre conceptos. En el trabajo con las palabras hay grupos que tienen más experiencia y reconocimiento que otros, y por ello es importante dedicar tiempo a otras formas de comunicación y reflexión, por ejemplo a través de la expresión corporal o artística. También los juegos informales favorecen el encuentro a otros niveles en los que, superadas las vergüenzas iniciales que pueden provocar, es posible conectar y generar confianza de una manera más profunda.

Por último, hay también tiempos de trabajo en grupos mixtos, en los que se mezclan participantes de cada uno de los grupos de pares (no se hace al principio del proceso, sino cuando ya hay una trayectoria y confianza suficiente). Esto permite experimentar las condiciones necesarias para desarrollar un trabajo y aprendizaje conjunto. Por ejemplo, supone colocarse frente al reto de descubrir qué ritmo permite entrar a todos en la dinámica, así como situarse en otros niveles diferentes de aquellos en los que suelen estar. Son espacios de aprendizaje privilegiados.

 

5.- Pistas a futuro

Durante este proceso se ha podido experimentar en primera persona cómo transformar las dinámicas de reproducción de la pobreza. Por ejemplo, se han confrontado las dificultades y barreras que dificultan la participación, y se han construido condiciones de acogida y reconocimiento que permitieran desarrollar espacios de lucha colectiva y alianzas.

Este proyecto señala a los distintos grupos participantes algunas pistas a futuro:

  • Para quienes viven en situación de pobreza, el Cruce de Saberes supone la oportunidad y el reto de poder hablar de su realidad. Poner palabras a sus vivencias y analizarlas colectivamente permite transformar su propia vida a partir de un cuestionamiento constructivo que surge en el diálogo. Les permite, además, identificarse con otras personas en situación de pobreza, así como desarrollar, más allá del estigma, una identidad positiva, en clave de lucha colectiva. También abre la puerta a generar alianzas con otros actores sociales, favoreciendo el sentirse parte de la sociedad de manera amplia.
  • Para espacios activistas, el Cruce de Saberes es una herramienta para abrir la acogida y la participación. Es una muestra de cómo hacer posible la inclusión de quienes siempre suelen estar expulsados, tanto en espacios de lucha colectiva como en la vida cotidiana, de cómo acogerles junto con todo lo que pueden aportar. Pero es importante recordar que el Cruce de Saberes no es solo una metodología, sino un proceso de transformación y cambio de mirada para abrir los espacios comunes.
  • Para el mundo académico, el Cruce de Saberes muestra que no se puede entender la pobreza sin escuchar las diferentes perspectivas y entender lo que cada grupo aporta, tanto en positivo como en negativo. Sin esta participación diversa, tanto la realidad de la pobreza que se va construyendo en la investigación social como las formas de erradicarla que surgen de ella siempre contendrán puntos ciegos. Así, las nuevas formas de investigación deben plantearse desde la relación, desde el atreverse a tomar contacto con la realidad, asumiendo conscientemente que ello alterará sin remedio las características de la relación, generando transformaciones personales y colectivas.

Tanto el documento del informe como el vídeo que recoge cómo se ha desarrollado el proceso se pueden encontrar en la página: https://atdcuartomundo.es/2024/03/14/romper-con-la-herencia-de-la-extrema-pobreza/

 

[1] Un buen ejemplo de esto es la investigación realizada por la Universidad de Oxford y ATD Cuarto Mundo Internacional Las dimensiones ocultas de la pobreza [ATD Cuarto Mundo, Oxford University [2019] (https://www.atd-cuartomundo.org/representacion-international/indicadores-de-pobreza/)]

[2] El Cruce de Saberes es una dinámica desarrollada por ATD Cuarto Mundo Internacional e implementada en distintos proyectos a lo largo de los últimos 30 años en diferentes países del mundo. Para más información se puede consultar https://www.atd-cuartomundo.org/que-hacemos/pensar-y-actuar-juntos/cruce-de-saberes/ o el monográfico ¿De quién es el conocimiento? Emancipación, Cruce de Saberes y lucha contra la pobreza en https://www.revue-quartmonde.org/11190

[3] Personas en situación de pobreza que se comprometen dentro el Movimiento ATD Cuarto Mundo en la lucha por los derechos de todos y todas.

 

Número 16, 2024
A fondo

El suicidio, la pandemia silenciosa entre los jóvenes

Sara Arribas Leal, socióloga. Investigadora

Rocío Herrero Sanz, socióloga. Investigadora

Catalina Martínez Miguélez, socióloga. Investigadora.
Paola Miranda Medina, socióloga. Investigadora.
Alicia Gómez-Chacón Áviles, socióloga. Investigadora.

Puedes encontrar a Sara en Twitter y a Rocío en Instagram.

Las tasas de suicidio juvenil han alcanzado unas cifras alarmantes en los años de pandemia. A través de 20 entrevistas a jóvenes conocemos su experiencia con la ideación e intento de suicidio. Se exploran los factores causantes, los correctores, las diferencias de género, la influencia de la pandemia, las fallas estructurales y la relevancia de la familia.

El incremento de las tasas de suicidio en estos años de pandemia ha generado una gran preocupación social que hemos visto reflejada en los medios de comunicación, la pandemia silenciosa es como muchos diarios han calificado este fenómeno.

Se ha puesto especial atención en los jóvenes y no es para menos: según datos de 2020 del Instituto Nacional de Estadística, cerca de la mitad del total de muertes entre los jóvenes de 15 a 29 años es debido a causas externas (accidentes, caídas, agresiones, suicidios, homicidios), siendo el suicidio la que se posiciona en el primer lugar (34,2%). Esto significa que el suicidio es la segunda causa de muerte general (16,6%) para este grupo de edad, después de las muertes por tumores (18,2%), lo que evidencia la magnitud del problema.

Además, se observa una gran diferencia entre las tasas de suicidio de hombres y mujeres en la población general siendo las tasas masculinas más elevadas, tendencia que se mantiene en el grupo de edad de entre 15 y 29 años. Según los mismos datos del INE de 2020, se registraron en este rango de edad 227 suicidios de hombres frente a 73 de mujeres, lo que quiere decir que entre la población de 15 a 29 años el 75,6% de los suicidios son realizados por hombres. Sin duda, estos datos resultan alarmantes y se debe abordar el tema desde una perspectiva social, pues cuando las cifras son tan elevadas resulta evidente que no estamos ante un problema individual sino colectivo.

Los objetivos de la presente investigación son localizar los factores sociales que inciden en los jóvenes y llevan al acto del suicidio, y determinar en qué medida la pandemia ha afectado al suicidio juvenil, para corroborar o desmentir que sea la principal causa del aumento de estas tasas.

Para realizar la investigación de la que aquí se exponen algunas conclusiones, se ha optado por una metodología cualitativa llevada a cabo a través de entrevistas en profundidad. Se han realizado un total de 20 entrevistas a jóvenes residentes en Madrid entre los 17 y 29 años, de los cuales 11 han sido mujeres.

A través de Instagram y Twitter todas las autoras publicaron un anuncio llamando a participar en esta investigación a personas que hubiesen experimentado el intento de suicidio o ideación suicida, y a compartir dicho anuncio entre sus redes. En pocas horas contábamos con más de 30 personas dispuestas a colaborar. Tras controlar nuestras variables de edad y residencia, seleccionamos y obtuvimos la muestra final.

Factores sociales causantes del suicidio juvenil

Tras haber realizado las entrevistas, se ha elaborado un listado de los factores que han influido en la ideación suicida de los jóvenes, observando aquellos que la mayoría tenían en común, y posteriormente se han clasificado según su naturaleza.

Los principales factores sociales causantes de la ideación suicida se pueden clasificar en cuatro dimensiones: factores interpersonales, factores experienciales traumáticos, factores cognitivos y factores psicológicos.

Los conflictos interpersonales hacen referencia a familias con una dinámica disfuncional y conflictiva, familias desestructuradas, relaciones afectivas y sociales tóxicas, acoso y bullying, carencia de inteligencia social[1] (esto sólo se ha observado en hombres), y, en ocasiones, estar en una situación de aislamiento social en la que el individuo carece de contactos sociales y consiguientemente tendrá pocas personas con las que relacionarse o, por el contrario, puede encontrarse acompañado y sentir soledad.

Los factores experienciales traumáticos son aquellos que implican haber vivido eventos traumáticos. Engloban toda vivencia referida a haber sufrido agresiones sexuales, violencia de género, enfermedades, muertes de familiares cercanos, o tener en el entorno personas con enfermedades mentales.

En los factores cognitivos se enmarcan las expectativas negativas sobre el futuro, motivación autodestructiva, baja autoestima, excesiva autoexigencia y presión social hacia el éxito. En general, es una percepción de la realidad desesperanzadora y que conlleva una relación insana con uno mismo, con tal nivel de exigencia que su propia salud y bienestar se ven gravemente perjudicados.

Por último, los factores psicológicos se refieren a padecer enfermedades mentales, sufrir trastornos de ansiedad y/o depresión. Estas enfermedades han sido diagnosticadas en todos los sujetos que en algún momento han acudido a un profesional médico. A estos factores les acompaña el experimentar un profundo y constante sentimiento de soledad, característico de este tipo de enfermedades mentales.

Todos los entrevistados presentan un conjunto de estos factores, cada joven reúne un conjunto diferente. En algunas ocasiones, los entrevistados no han experimentado un evento traumático, pero los otros tres tipos de factores son constantes en todos los sujetos.

[1] Es una habilidad humana, que permite comprender, entender y percibir los pensamientos y acciones de otras personas. Esta se puede aplicar en diferentes contextos de la vida, gestionando de manera positiva los estímulos y relacionándose con los demás. (Ramírez Molina et al., 2021).

Factores que ejercen una función correctora y protectora

Asimismo, existen correctores sociales que actúan como freno a la ideación suicida, es decir, evitan que se lleve a cabo el acto del suicidio.

Se preguntó a los jóvenes qué les frenaba a cometer este acto en los momentos más críticos y de nuevo se procedió a hacer una clasificación de las respuestas.

Cabe destacar que estos correctores son distintos según los factores determinantes en el caso de cada individuo. Esto significa que los factores que influyen en la decisión de no realizar el acto suicida (correctores) dependen de aquellos que la provocan (causantes), por lo que un corrector puede ser un incentivo en otro caso distinto.

Tal es el caso de la familia. La familia es un elemento central y posee una doble vertiente.

Si bien puede ejercer como causante en determinadas situaciones, cuando la circunstancia que provoca el intento suicida es externa a ella, el núcleo familiar actúa entonces como un potente elemento corrector. El sufrimiento que su muerte causaría en padres, hermanos/as, abuelos/as y demás familiares es lo que evita que estos jóvenes cometan el suicidio.

Siempre ha sido por la familia. A mí la frase Mr. Wonderful que dice ‘lo importante no es el destino, es el camino’ pues bien, pero déjame en paz. Esas mierdas no van a hacer que no hagas cosas. La gente que se suicida es porque pierde completamente a lo que aferrarse, aunque esté ahí dejan de verlo

La esperanza por el futuro es otro aspecto que ejerce presión para frenar la ideación suicida. La posibilidad de que su situación mejore, de que aquellos aspectos que les producen tanto sufrimiento y desesperación se transformen o puedan escapar de ellos; la idea de un futuro esperanzador al que no quieren renunciar. Cualquier ápice de esperanza e ilusión por lo que pueda ser en un futuro resulta un elemento clave en la disuasión del intento suicida.

¿Y si pasa algo bueno? Esa curiosidad por saber que va a pasar, es lo que me frena. Es un pulso constante con la vida.

La idea de poder tener la vida que yo quiero en algún momento, esa pizquita de luz que me hacía decir quiero intentarlo.

Otro corrector central son las terceras personas del entorno del individuo, similar al factor corrector de la familia, pero referido a amigos o parejas. En estas personas encuentran redes de apoyo. Todos ellos son elementos que ejercen una función positiva y ayudan a disminuir la ideación suicida.

La soledad es un sentimiento constante que experimentan las personas con ideación suicida, de manera que sentirse acompañadas y aceptadas por cualquier tipo de relación puede marcar una enorme diferencia.

Hice una promesa con mi novia de que ninguno podía llegar a suicidarse. Esta promesa de que ninguno se autolesione es lo que hace que me mantenga limpio.

Yo ya lo venía pensando, pero un día me desperté y el pensamiento no paraba y me metí al baño con la intención, pero mi compañero de piso me ayudó mucho y finalmente no lo intenté.

Por último, el miedo al dolor físico y a las posibles secuelas del intento de suicidio si este fracasara.

El miedo al acto en sí, a la decisión tan rotunda que supone elegir si uno vive o deja de hacerlo. Además de a los riesgos físicos que entraña el acto del suicidio, pues si este fallara la persona puede tener graves consecuencias, como lesiones físicas y cerebrales que pueden resultar en daños irreversibles.

El miedo a estos riesgos actúa también como freno a la ideación suicida.

No lo llevaba a cabo por si sobrevivía y me quedaba con daños en vez de muerto. Tenía pensamientos intrusivos para hacerme daño, pero no los llevaba a cabo por si no lograba conseguirlo.

Creo que es porque me da miedo. Pasaría a un nivel muy diferente, de tomar decisiones cotidianas paso a decidir si estoy viva o no.

Diferencias de género

Se ha podido observar cierta diferencia entre los factores causantes más determinantes según el género.

En las mujeres se ha visto más reiterada la autoexigencia por alcanzar el éxito y la perfección. Una gran presión derivada de las expectativas sociales puestas sobre ellas, según las cuales deben ser excelentes en todos los aspectos de sus vidas: familiar, social, académico, laboral, físico-estético, intelectual… incluso los hobbies, como un deporte, se pueden convertir en un elemento estresante al sentirse obligadas a ser brillantes en él, aun cuando el objetivo de realizar esa actividad sea el mero entretenimiento.

La presión social a la que están sometidos los individuos, y especialmente las mujeres, se interioriza como autoexigencia. Esta presión social nos insta a adaptarnos a un modelo centrado en el éxito y la productividad, el cual resulta perjudicial para los individuos y conlleva consecuencias psicológicas negativas cuando no se consigue adaptarse a él u obtener los resultados esperados. En las mujeres, la autoexigencia por cumplir con las expectativas sociales es mayor y el peso psicológico que esto supone puede convertirse en detonante de la ideación suicida.

En los hombres, por otro lado, se alude más a problemáticas relacionadas con la baja integración social, aislamiento y sensaciones de no ser necesarios en su entorno social.

Los hombres se identifican en una de estas tres categorías ya que, de antemano, se han visto involucrados en acontecimientos como lo son el bullying, el carecer de apoyo familiar, el sufrir soledad o el tener dificultad para mantener relaciones sociales. Todos estos acontecimientos dificultan las formas de relación e interacción social en estos individuos, una baja sociabilidad que conlleva aislamiento y sentirse innecesarios. Esta situación es la que impulsa, en la gran mayoría de hombres, a tener ideaciones suicidas.

Fallas estructurales

Los entrevistados, por otro lado, hacen importante alusión a las carencias existentes en nuestra sociedad, principalmente en las instituciones sanitarias y educativas.

Algunos entrevistados aluden a que no todos disponen de los suficientes recursos económicos como para poder hacer uso de los servicios que la sanidad privada proporciona. Así, en relación con la sanidad pública afirman que los recursos disponibles no cubren la demanda y que la especialidad psiquiátrica termina siendo la más recurrente, proporcionando ésta consecuencias como la dependencia a medicamentos, en vez de proporcionar una buena atención desde la especialidad de la psicología.

Del mismo modo, los centros educativos se evidencian con ineficiencia en sus protocolos de prevención, detección e intervención en problemas que afectan a la salud mental. También se señala el desconocimiento ante la gravedad del problema al no disponer de profesionales cualificados o que, cuando se dispone de estos profesionales, no realizan un seguimiento adecuado, según la percepción de nuestros entrevistados. Estos consideran que cuando han solicitado ayuda se ha infravalorado la gravedad de su situación y no se les ha proporcionado la atención que necesitaban.

La influencia de la familia

La familia es un elemento central y transversal a toda la investigación. La totalidad de las personas entrevistadas identifican que su familia ha jugado un papel influyente en su experiencia con la ideación o intento suicida.

Por ello, para el posterior análisis se han clasificado los factores causantes en dos: por un lado, las relaciones familiares; y, por otro lado, el resto de factores sociales mencionados anteriormente, refiriéndonos a ellos como factores externos (siendo estos los factores psicológicos, cognitivos, experienciales traumáticos, y los conflictos interpersonales excluyendo la familia).

De esta forma, se puede observar la gran diferencia entre los casos de ideación suicida cuando los factores causantes principales son externos o familiares.

Se observa que, si el principal factor que afecta a los individuos son las relaciones familiares, los afectados son más vulnerables frente a la ideación suicida al no contar con una red de seguridad primaria.

Si, por el contrario, el principal factor que les afecta es externo, la gestión que hace la familia de la situación resulta decisiva: cuando es adecuada (intervención, apoyo, gestión emocional…) la familia reduce el efecto negativo externo actuando como red de seguridad salvavidas; por el contrario, cuando la gestión familiar es inadecuada (infravalorar, ignorar, invalidar emociones) los afectados tienen mayor vulnerabilidad y riesgo de llegar al intento de suicidio.

El papel de la pandemia

Por otro lado, no existe una tendencia uniforme entre las personas entrevistadas en nuestro trabajo de campo realizado del 12 de noviembre al 23 de noviembre de 2021, para identificar la pandemia como un elemento clave y central a la hora de llevar a cabo el acto del suicidio. Si bien algunos afirman que la pandemia ha sido determinante en sus ideas de suicidio, para otros es un elemento que no les ha influido. Así pues, y desde una perspectiva cualitativa como la desarrollada en este estudio, no podemos afirmar que la pandemia sea el único motivo que esté detrás del incremento de suicidios entre la juventud.

Entre los jóvenes que sí sienten una repercusión de la pandemia en su ideación suicida, observamos que según los factores más determinantes (siguiendo la anterior clasificación de factores externos o relaciones familiares negativas) la influencia es diferente para el sujeto y la síntesis de dicha diferencia viene dada por el espacio que tienen que habitar:

Para los afectados cuyo factor principal es externo, su espacio seguro está en el hogar por lo que el confinamiento les permitió alejarse de los espacios y relaciones perjudiciales, lo cual resultó muy beneficioso para su salud mental. Como expresan algunos de ellos:

Osea a mí la pandemia, pónganme tres. Que me confinen otra vez por favor. Yo pandemias las que quieras.

Para mi realmente el confinamiento fue una bendición, fue un regalo del cielo.

Sin embargo, el desconfinamiento y regreso a espacios que les resultaban inseguros repercutió en ellos de manera negativa:

Volver a hacer vida normal fue incluso peor que antes.

En el confinamiento, me encerré en mi habitación, aprendí a quererme, el problema fue el shock que vino después. Me dio mucha ansiedad social y acabé con una fuerte depresión.

Para los afectados cuyo factor principal es la familia, su espacio seguro se encuentra fuera del hogar, de manera que al tener que compartir espacios comunes constantemente con la familia cuya relación con esta es disfuncional o conflictiva, el confinamiento agravó su situación.

 Para mí la pandemia fue clave, la convivencia en mi casa no se podía soportar y me creó muchísimo estrés y toda la ansiedad aumentó.

Tantos meses de cuarentena casi me matan, me daba ansiedad convivir con mi familia.

A diferencia de los anteriores, el periodo de desconfinamiento les permitió alejarse de estas relaciones conflictivas, por lo que la salida para estos fue positiva.

Gracias al desconfinamiento pude acudir a centros donde conocí́ a gente que había pasado por situaciones como yo.

Conclusiones

Tanto en la sociedad como en el modo de vida actual existe una fuerte presión social, un patrón a seguir, que afecta directamente a los más jóvenes cuando el modelo del individuo no se corresponde con el esperado. Este desajuste entre expectativa y realidad les hace más proclives a la tenencia de ideaciones suicidas.

Para poder corregir la exclusión que experimentan estas personas es necesario visibilizar esta problemática y hablar abiertamente sobre salud mental. La estigmatización del suicidio y de todo problema de salud mental resulta fatal para las personas que viven con estos pensamientos pues intensifica la sensación de aislamiento y soledad. La empatía es clave para la gestión de estos casos y el apoyo por parte del entorno resulta crucial para que la persona salga adelante.

Previamente, en el ámbito de la prevención, es preciso señalar la importancia de la socialización primaria en los individuos, es decir, la estructura familiar, ya que cuando esta presenta fisuras, se desencadena falta de integración y comprensión en la persona.

Del mismo modo, los entrevistados han expresado que los grupos de apoyo tienen un impacto muy positivo al tratarse de espacios seguros con grupos de iguales en los que se crean redes de apoyo. Asimismo, el teléfono de la esperanza ha resultado de gran ayuda en algunos casos.

Escuchar y hablar de salud mental sin tabúes, del suicidio y especialmente de los motivos que lo causan, es la mejor manera de acompañar a los jóvenes que están experimentando estos pensamientos, según han expresado ellos mismos.

Solamente necesito que estén ahí y me pregunten qué tal estoy

 

Bibliografía

Ramírez Molina, R.I., Villalobos Antúnez, J.V., Lay Raby, N.D., Del Valle Marcano, M. Inteligencia social y liderazgo resonante. Editorial Corporación CIMTED, 2021.

 

Febrero 2023