No fallan las personas, falla el sistema
Pedro Fuentes. Equipo de Estudios de Cáritas Española

Fuente: EINSFOESSA 2024
Uno de los datos más relevantes de la última oleada de la encuesta EINSFOESSA de 2024 nos dice que tres de cada cuatro hogares en situación de exclusión severa tienen activadas estrategias de activación. Es decir, en el 77% de los hogares que sufren las peores consecuencias de nuestro modelo social al menos una persona tiene un empleo; y/o lo busca activamente; y/o se está formando para tenerlo o para mejorar; y/o está participando en algún proceso de acompañamiento desde los servicios sociales públicos o del tercer sector. Y para mayor contundencia del dato, este porcentaje de hogares en exclusión severa activados ha crecido con respecto al año 2021 en el que estos hogares suponían el 68% del total.
Haciendo un ejercicio de escucha de la realidad[1], tal y como la viven estas personas, emergió una metáfora: Es como si estuviéramos en una rotonda sin salidas, nos dicen. Hacemos, nos movemos, nos esforzamos… pero a pesar de ello seguimos aquí. En ese girar continuo, quizá encontremos explicación de ese otro hogar (el 23%) que no está activado. Pero claro, resulta más cómodo explicarlo desde las paguitas que generan vagos. Si lo decimos desde el lenguaje común, o hablamos de las trampas de la pobreza si recurrimos a un lenguaje más técnico.
Quizá ha llegado el. momento de girar la mirada y de preguntarnos, entre otras muchas cuestiones relevantes, si los procesos de activación que les ofrecemos son los que hacen falta. O si por el contrario los hogares activados y los que se desactivaron cansados de girar en la rotonda, se topan en la práctica con programas con recursos escasos. Con dispositivos fragmentados sin apenas coordinación e incapaces de generar sinergias encerrados en su propia lógica. Con intervenciones estandarizadas que en forma de café para todos no son capaces de la imprescindible personalización, porque cada persona y cada hogar es un mundo. Si hay un empeño ciego en pensar que el empleo es la única salida. Y sobre todo sin el despliegue del necesario acompañamiento que precisa de tiempo, recursos, coordinación, personalización y, sobre todo, de un talante diferente en quien se propone intervenir.
[1] “Voces que no(s) cuentan” AAVV. Colección estudios FOESSA nº 52. Madrid 2023
